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Uno Muerto, Una Herida


Carta abierta a mujeres que están pensando en abortar.

Cuando una mujer embarazada en nuestro país escoge abortar, el destino de su hijo no nacido es claro. Ella entrará a la clínica con una criatura; saldrá sola. Pero, ¿qué ocurre con esa mujer luego del aborto? ¿Qué experimenta en los meses y años que siguen? ¿Tiene un aborto, en realidad, el mismo efecto sobre el estado emocional de una mujer que cualquier otra pequeña operación ambulatoria, como dicen algunos, o es mucho más complicado que eso? ¿Está la "terminación del embarazo" realmente en armonía con lo que pretende ser la mujer liberada, o es una bofetada contra Algo que la hace "mujer" en forma única?

Si estás pensando en abortar, o conoces a alguien que piensa hacerlo, te desafiamos a que leas la siguiente carta abierta. Es un relato verídico, escrito anónimamente por una mujer que ha tenido un aborto. No es un relato de la operación misma, sino de la vida después. Es una carta de una mujer para otra mujer. Si estás preocupada por tomar la decisión correcta en este importante momento, si quieres saber cómo esa decisión podría afectarte por el resto de su vida, por favor léela.

En el sentido más auténtico de la frase, podría ser una cuestión de vida o muerte...
Los enemigos del aborto están haciendo campañas hoy contra la terminación de los embarazos. Sienten que deben impedir la muerte de bebés en desarrollo. A decir verdad, comparto sus puntos de vista. Sin embargo, la carta abierta que sigue tiene poco que ver con el no nacido. Tiene que ver contigo. Parece haber muy poca compasión a disposición tuya, muy poca preocupación por tus sentimientos y tu bienestar. Es cierto, como dicen los "proelección", que tu cuerpo se verá afectado por un embarazo no planeado. Pero también es verdad que tu mente y tu espíritu se verán afectados, y mi corazón simpatiza contigo de una forma que algunas personas tal vez no entiendan. Tú me interesas, así como tu futuro, como solo puede interesarle a alguien que ha estado en tu posición. Por favor lee esta carta como si hubiera sido escrita solo para ti. Tal vez lo fue...?.

Estás embarazada. El embarazo te hace sentir muy mal. Nunca en tu vida te has sentido tan atemorizada, tan tremendamente sola. Darías lo que tuvieras en este momento si hubiera una forma de alterar milagrosamente tu situación, si pudieras hacer retroceder el tiempo y evitar este terrible error. Si no puedes encontrar una salida a esto, te sentirás abrumada. ¿Cómo enfrentarás los meses de llevar este bebé? ¿Quién te ayudará? ¿Cómo soportarás el juicio de los que te rodean? ¿Qué harás con el bebé? ¿Cómo encontrarle sentido a tu vida nuevamente? ¿Podrás pasar por este desastre, siquiera? Tiene que haber una salida.

Hay una salida. Se llama aborto. Todo lo que tienes que hacer es concertar una cita en una clínica de abortos, esperar un breve tiempo, entrar como paciente externo y hacer que te saquen el bebé. Te dará miedo y será incómodo, pero será rápido. Si simplemente aprietas los dientes y evitas pensar demasiado en lo que estás haciendo, podrás soportarlo. En unos pocos días todo se normalizará. Nadie te juzgará. Podrás reanudar tu vida como si no hubiera ocurrido nada desastroso. Nadie tendrá que saberlo si escoges no contárselo. Todo habrá pasado.

No. Nunca pasará. ¿Cómo lo sé? Porque la situación que acabo de describir fue exactamente la misma en la que me encontré hace muchos años. También describe mi solución a mi difícil situación en ese momento. Seré muy sincera contigo. Durante los primeros días que siguieron me sentía algo floja físicamente. Pero pronto comencé a sentirme eufórica. Había pasado. Había atravesado la tormenta. Estaba libre para continuar con mi vida, libre como un pájaro de ese espantoso y agobiador peso de temor y desesperación que había estado llevando por semanas. El alivio fue maravilloso.

Recuerdo exactamente el momento en que esa euforia comenzó a desvanecerse. Estaba en el trabajo unas semanas después, y una colega pasó para mostrarnos su nueva bebita. Ante mi horror, sentí que mis ojos se llenaban de lágrimas, y mi corazón comenzó a arder extrañamente. Tuve que retirarme.

Fue solo el comienzo. Lentamente comencé a ver que había pasado por toda la experiencia del aborto concentrándome en mi pánico y mi temor, exclusivamente en mí. Había logrado mantener cualquier pregunta, cualquier duda, firmemente fuera de mi mente. Subconscientemente, sentía que, una vez realizado, sería demasiado tarde como para preocuparme por el hecho. Era como recibir una anestesia mental. "No pienses en ello. ¡Simplemente termina con ello! Estarás tranquila".

Ahora comencé a conocer lo que era arrepentimiento y el remordimiento, y una cosa extraña llamada "instinto maternal". Las preguntas que no había querido enfrentar comenzaron a penetrar silenciosamente a través de mi negación. Al pasar los meses, veía a las mujeres embarazadas y calculaba cuánto habría crecido mi bebé a esa altura. En enero, pensaba en la fecha probable de nacimiento de mi bebé. Luego veía a bebés en cochecitos y pensaba que mi hijo sería de ese tamaño aproximado. Más adelante, fueron los niños que comenzaban a caminar los que hacían doler mi corazón. Quiero decirte la verdad. Mi hijo hubiera tenido 24 años este enero pasado. No lo he olvidado. Jamás lo haré.

La intensidad del dolor aumentó cuando finalmente me casé y tuve dos hermosos bebés. No estaba preparada para la profundidad de sentimiento que mi propio bebé inspiraba en mí. Literalmente, apenas podía soportar el saber que había puesto fin a la vida de otro bebé tan precioso como estos.

Han pasado veinticinco años. Mal que bien, he resuelto la culpa y la angustia de ese terrible error. He sido perdonado por Dios y por mi esposo. Tengo una buena vida. Ya no paso mis días consumida por la pena. Pero recuerdo.

Creo que nada comunica tanto como una buena analogía. ¿Recuerdas el niñito que quedó atrapado entre los escombros de una autopista luego del terremoto de San Francisco, en el otoño de 1989? Los rescatadores pudieron hacer un túnel por los escombros para llegar a él y sacarlo. Sin embargo, una de sus piernas estaba atrapada irremediablemente debajo del concreto. La única forma de salvarlo era amputando su pierna en el lugar. Sobrevivirá. Su vida continuará. Su pierna habrá quedado atrás. Lamento usar un ejemplo tan desagradable, pero seguramente te darás cuenta de lo que estoy tratando de decir. Tú puedes salirte del lío en que te has metido muy rápidamente. Todo lo que tienes que hacer es "amputar" a tu bebé de tu útero. Pero, por favor créeme, no saldrás caminando entera. Una parte de ti quedará atrás. Tal vez no lo eches de menos inmediatamente, pero con el tiempo lo harás. Tal vez durante toda tu vida.

Tengo una hermana que entregó un bebé para ser adoptado. Compartí mi experiencia con ella, y ella decidió escoger la otra opción: tener el bebé y entregarlo a una familia que no tenía niños. Ella también tuvo que sufrir. Tuvo que pasar por varios meses de un embarazo visible, el trabajo de parto y el parto mismo, y firmar la entrega de su bebé. Tiene una tristeza residual. Tuvo que enfrentar el remordimiento. Pero en nuestras largas charlas coincidimos en que su dolor ha sido preferible al mío. Ella dio vida a su hijo. Ella puso un bebé saludable y vivo en las manos vacías de otra persona. Ella puede vivir con eso.

Yo puse fin a la vida de mi hijo. Es una lucha constante vivir con eso.

Anónimo.
Nosotros en SWORD&SPIRIT Ministries, y muchas otras personas como nosotros, estamos convencidos de que la Vida Humana es especial y única, que es un Regalo de Dios. Esto incluye tu vida así como la de tu hijo. Si podemos ayudarte de alguna forma durante este tiempo de tu vida, por favor escríbenos. Si no podemos ayudarte, podemos encontrar a alguien que podrá hacerlo.

Si has tenido un aborto, hay Esperanza. Como ocurrió con esta mujer, tal vez tengas que convivir con el remordimiento durante el resto de tu vida, pero hay un Dios Amoroso que quiere reconciliarse contigo. Él te ofrece algo que no podemos ofrecer nosotros: el perdón, y la posibilidad de un nuevo comienzo.

Traducción: Alejandro Field
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